lunes, 14 de noviembre de 2016

LAS GUERRAS COLONIALES PORTUGUESAS Y SIERRA DE GATA


Una Juventud sacrificada en las últimas Guerras Coloniales

Joâo iba dando sus últimos pasos por una ladera con un amplio desnivel, había dejado atrás la peligrosa zona conocida por el nombre de La Librería en la Cervigona y procuró pasar lo más alejado posible por la minicentral eléctrica que se encontraba instalada allí, entre aquellos cerros; y que gracias al agua de esa cascada generaba luz para varios pueblos de Sierra de Gata.
                Su lento jadear se volvía cada vez más forzado, le costaba respirar y mantenerse en pie; comenzaba a notar que perdía el conocimiento. Por fin decidió guarecerse debajo de unas jaras, cerca de la orilla del río; extenuado dejó caer su cuerpo, ya casi inerme, bajo la sombra que le proporcionaba el matorral. La boca la tenía seca, pero era incapaz de acercarla al cauce del río para beber algo de agua; mientras se recuperaba un poco le vinieron a su cabeza bellos recuerdos de su Lisboa natal, el Chiado alto, Belem, la Baixa Lisboa, el Convento de los Jerónimos, las deliciosas natas con las almorzaba cada mañana y por último la imagen de su querido Fernando Pessoa. ¡Cuántas veces había leído y recitado sus versos a la luz de una vela, mientras alguien canturreaba un fado a lo lejos!; sin embargo era incapaz de recordar la cara de su madre, su querida madre. ¿Dónde se encontraría ahora?, ¿Qué estaría haciendo la pobre?, seguro que le estaba buscando desesperada por todos los rincones de Lisboa. Su mano lentamente se fue resbalando por su abdomen ensangrentado, el orificio de bala que con tanto ímpetu intentaba taponar al final quedó libre y un borbotón de sangre tiñó la tierra de un rojo ocre hasta alcanzar el azul cristalino del agua del arroyo.
                Joâo Silveira de Menezes  era un joven luso espigado de complexión delgada, muy sensible a la vida y antibelicista convencido; por eso cuando el gobierno portugués le llamó a filas para combatir en Angola decidió huir, como muchos otros jóvenes portugueses, por la frontera hispano lusa; pero a Joâo le sorprendieron los guardiñas portugueses en el mismo límite fronterizo y aunque le hicieron varios disparos de advertencia decidió continuar con su fuga; prefería caer en el intento de evasión a participar en una guerra colonial que tan sólo beneficiaba a unas pocas familias de privilegiados compatriotas. Al final uno de los carabineros lusos que le descubrió decidió apuntarle y cual si de una pieza cinegética se tratase disparó su arma acertando premeditadamente en el blanco humano sin remordimiento alguno; aún así no pudieron apresarle.
                Deambuló durante días herido en el abdomen; intentado adentrarse lo más posible en tierras españolas para evitar de esa manera su captura; pero poco a poco se fue desangrando hasta que al final el esfuerzo por huir y el calor sofocante ayudaron a acabar con su vida lejos de su amada Lisboa;  en un rincón apartado de esta ruda Sierra de Gata.
                Martín se encontraba como de costumbre con su pastoría de cabras por la serranía más noroccidental de Acebo, cuando de repente echó en falta a su perra.
-¡Chiqui…! ¡Chiqui….!¿Ondi andas?
                Al poco la perra aparecía con un trozo de tela en la boca; una tela con un estampado de llamativos colores. Colorido nada común por estas tierras extremeñas que se debatían entre el blanco y negro casposo de una España con múltiples carencias.
-¿Y ésto?...... ¿A ver? ¿De ondi has sacao ésto? -mientras tanto la perra le miraba con sus inmensos ojos marrones moviendo el rabo como si esperase algo a cambio; hasta que después de un rato se dio la vuelta y salió corriendo de nuevo en dirección al río. Martín la siguió todo lo rápido que pudo, saltando de canchal en canchal, a riesgo de tropezar y magullarse; ya que intuía que algo extraño pasaba y que la perra se lo quería enseñar.
                Por fin la alcanzó y tirándole del rabo la sacó de debajo de una tupida jara, no quería que ninguna alimaña pudiese herir a su preciada perra. Con la segureja que siempre llevaba al cinto desbrozó la maleza y cuando ya había clareado todo lo que pudo el terreno apareció ante Él el rostro demacrado y con la mirada perdida en el infinito del joven Joâo. La tétrica estampa le hizo dar varios pasos hacia atrás, no se atrevió a moverlo; de repente su cabeza se quedó bloqueada con los viejos relatos de asesinatos durante la guerra civil española que había escuchado en su casa a los más mayores. Transcurridos unos minutos consiguió mover sus músculos y articular los primeros pasos hasta que logró emprender una rápida carrera para avisar en el pueblo del luctuoso hallazgo.
                Hasta el lugar se desplazaron infinidad de funcionarios e incluso alguno de ellos portugués que certificaron la muerte y la identidad del desgraciado joven que como si de un apátrida se tratase fue enterrado en una fosa común de cualquier campo santo de Sierra de Gata. El último deseo de Joâo nunca se pudo cumplir, él siempre quiso que como epitafio en su tumba figurasen los versos de su amado Fernando Pessoa.
Si después de yo morir quisieran escribir mi biografía
no hay nada más sencillo.
Tiene sólo dos fechas
la de mi nacimiento y la de mi muerte.
Entre una y otra todos los días son míos.

                Relato en memoria de aquel joven anónimo portugués cuyos restos fueron hallados en Acebo en la década de los sesenta y que falleció por negarse a colaborar con las ideas imperialistas que dominaron durante siglos a las sociedades de unos países europeos en plena decadencia.


OVNIS Y RESIDUOS RADIOACTIVOS EN JÁLAMA



                La noche se había ido echando encima y un grupo de jóvenes acebanos esperaban sentados en el recinto de las escuelas la aparición de unas enigmáticas luces que en los últimos tiempos se veían en lo más alto de Jálama. Estas luces no se observaban a diario sino que su presencia era más bien esporádica; pero la aparición de las mismas inquietaba a los más jóvenes de la localidad, quienes lanzaban todo tipo de especulaciones sobre ellas.
                A las tres de la mañana en punto, cuando ya pensaban que esa noche no verían nada más un cielo bellamente estrellado, apareció en lo más alto de Jálama una de esas luces que con su movimiento serpenteante y sus continuos cambios de color, amarillo y anaranjado, describía el tránsito por una de las pistas de este monte serragatino.
-¡Eso os digo Yo que son camiones que están metiendo algo, residuos radioactivos, productos tóxicos, etc.., en las minas de la cotorina de Jálama ¡- exclamó el más joven de los allí reunidos.
-¿No sé….? –contestó dubitativo otro de los jóvenes que se encontraba en Acebo pasando las vacaciones en casa de un primo suyo. Lo cierto es que es raro que encima cambien de color con esa frecuencia tan precisa, si os fijáis es cada dos minutos. Eso no lo provoca el tránsito por un camino, más bien me hace pensar en una máquina. ¿Y si fuese un OVNI?, de esos que dicen que han visto en algunas partes del mundo, como aquél que se estrelló en Roswell (U.S.A.) con dos marcianos muertos dentro.
-¡Joder, qué imaginación chicos!- Les espetó Luisa a ambos. Esas luces serán de algún imbécil que querrá gastar alguna broma pesada a los que él considera unos paletos de pueblo; Yo no les haría el más mínimo caso a las dichosas luces. ¡Venga!, vamos a la plaza a la verbena y olvidaros de las lucecitas.
                Todos se levantaron al unísono a la orden de movilización de Luisa. Mientras tanto varios hombres, en lo más alto de Jálama, se afanaban por descargar uno de los últimos barriles que llevaban en uno de los cinco camiones con  los que habían subido hasta la cumbre de ese monte. Era el último de cincuenta barriles que su empresa les había encargado depositasen en el interior de la mina de la barrera del Toconal. Una vez colocados convenientemente los barriles en el interior de la mina, descargaron una pesada plancha de acero que soldaron a dos vigas de metal que previamente habían anclado a los laterales de la entrada de la mina; para de esa manera evitar que alguien pudiese entrar en la misma y descubrir los barriles tóxicos que habían almacenado allí.



LA GENTRIFICACIÓN Y LA MISMISIDAD DE SIERRA DE GATA

                Desde hace bastantes años en Sierra de Gata se vienen produciendo dos fenómenos, la gentrificación y la mismisidad, que tienen un primer origen en el progreso económico y la transformación en clase media de la emigración de los vecinos de esta comarca que se marcharon de ella en la segunda mitad del siglo XX.
                El fenómeno de la gentrificación procede del anglicismo gentry; y fue empleado por primera vez en el Reino Unido para definir el proceso por el que la burguesía y las clases adineradas reocupaban barrios, hasta entonces, marginados y degradados. Expulsando desde ese preciso momento a los grupos marginales y desfavorecidos que los habitaban.
La gentrificación lleva asociado un proceso de renovación arquitectónica, mejoras medioambientales, establecimiento de centros comerciales, aumento de remuneraciones, alza del precio de las viviendas, mejora del nivel educacional, etc.
Empero en Sierra de Gata de todos esos efectos anteriormente citados tan sólo se ha producido uno que ha contribuido a acelerar la emigración de todos los pequeños núcleos rurales que componen la comarca, éste es el alza del precio de las viviendas, del suelo urbanizable y del rústico.
La inversión en bienes inmuebles urbanos y rústicos de los emigrados que consiguieron mejorar sus condiciones de vida con su salida de la Sierra ha provocado, y provoca, un incremento del precio de esos bienes que no se corresponde con el que debería tener si tenemos en cuenta la renta per cápita de nuestra comarca.
Esa inversión se produce por el hecho de querer contar todos ellos con una segunda residencia en la que pasar sus periodos de vacaciones. Ese turismo de carácter estable, que es común a toda la geografía española, tiene indudablemente infinidad de aspectos positivos, que se tratarán en próximos artículos, pero ha contribuido y contribuye a un despoblamiento paulatino de nuestras poblaciones; que en los últimos tiempos se ha visto acelerado por el fuerte proceso de urbanización que vive la sociedad extremeña.
La tipicidad de la gentrificación de Sierra de Gata está provocada, como se ha mencionado anteriormente, por ese turismo tan característico nuestro y en menor medida  por la llegada de los llamados neorrurales o personas de clases medias y profesiones liberales que buscan el contacto con la naturaleza, más que la rehabilitación del campesinado; y que eligen nuestra comarca para instalarse ellos, sus familias y sus negocios.
Por otro lado la mismisidad es un  fenómeno muy arraigado entre la población nativa de nuestra comarca, este concepto se define en el libro Neorrurales en Extremadura como Nosotros como Mismos. Pero lo más interesante de la mismisidad son los prejuicios que los nativos y los forasteros tienen unos de otros; aunque cotidianamente ambos se acepten. Esos prejuicios impiden, en muchos casos, un correcto enriquecimiento cultural de ambos al desconfiar mutuamente unos de otros; pues unos son considerados como agentes perturbadores de los modelos tradicionales de vida y de las costumbres locales, y los otros son considerados por los foráneos como gentes ancladas en vivencias de tiempos remotos.
Empero tanto la mismisidad como la gentrificación llegaron a Sierra de Gata hace mucho tiempo, aunque nadie las definió de esa manera, y permanecerán en ella con igual fuerza o quizás mayor en la medida en la que en este país y en Europa se vaya saliendo de la crisis y la vida en las ciudades sea cada vez más compleja y estresante.

SIERRA DE GATA VISTA A TRAVÉS DE LAS DROGAS



Las drogas en Sierra de Gata aparecieron en la década de los 80 de una manera arrolladora, entre 10 y 15 años mas tarde de lo que lo hicieron en el resto del Estado Español. Aquí al igual que en otras partes de la geografía española vino de la mano de una juventud inconformista que experimentaba nuevas sensaciones a través de la infinidad de grupos musicales que en aquellas épocas hicieron de las drogas una seña de identidad; pero además la casuística de la emigración de nuestra comarca favoreció el que en las temporadas de vacaciones toda aquella juventud descendiente de emigrantes, o emigrantes en sí misma, importasen a nuestra comarca nuevas formas de ocio asociadas al consumo de drogas que eran habituales en sus zonas de convivencia, fundamentalmente entre la que procedía de Euzkadi, Francia, Madrid o Barcelona.
Especialmente la juventud procedente de Euzkadi era la que tenía por esas fechas un contacto más directo con las drogas y la que más divulgación hizo de las mismas en nuestra Comarca. Por aquella década Euzkadi sufrió la invasión de determinadas drogas como la heroína, la cual fue utilizada como arma desmovilizadora de las bases juveniles de la izquierda abertzale.
Por paradójico que parezca y a pesar de contar Sierra de Gata con algunos núcleos de población de arraigada tradición contrabandista, la oferta de drogas en la Sierra no vino inicialmente de la mano de los contrabandistas tradicionales; sino que estos se reciclarán y abandonarán el contrabando de otras mercancías cuando vean lo lucrativo del nuevo negocio.
Con el tiempo surgirán puntos de venta de droga por muchas de las poblaciones serranas, que se verán complementados con la venta de estas sustancias a manos de individuos que procedentes de fuera de la Comarca venderán entre sus conocidos parte de la mercancía que traen para autoconsumo.
La tipología de las drogas con el paso de los años ha ido variando, al igual que el perfil del consumidor. En la década de los 80 las drogas predominantes eran: La heroína, el hachís y las anfetaminas, con especial predilección por el speed; y en mucha menor medida se encontraba el consumo de cocaína.
El culto a las drogas a través de la música, el desconocimiento de las consecuencias del consumo de las mismas y determinados libros apologéticos sobre el consumo de drogas, como Historias de las Drogas de Antonio Escohotado, llevaron a un ejército de jóvenes nacidos en la década de los 60 a adentrarse en un mundo oscuro del que a muchos les ha sido muy difícil salir sin algún tipo de secuela.
En la actualidad las drogas se han extendido como la peste por todas las poblaciones de la sierra teniendo un puesto especial entre todas ellas la cocaína seguida de la anfetaminas, éxtasis, hachís y marihuana; quedando relegada a un puesto marginal la heroína. Incluso comienza a ser bastante común que las fuerzas de seguridad realicen aprehensiones de drogas cultivadas y producidas en los pueblos de la comarca. Lo que está por ver será qué tipo de secuelas dejarán muchas de estas nuevas drogas de diseño entre la juventud serrana.

¡QUÉ VIENIN LOS MAQUIS!




                Jesús, su mujer, Ezequiela, y sus dos hijas estaban a punto de comenzar la cena, cuando de repente sonó el teléfono que estaba en la habitación contigua; el padre se levantó dejando en la mesa el plato recién puesto de sopa.
                Mientras Jesús atendía la llamada, Ezequiela y sus dos hijas fueron apurando la sopa. Era tarde y la madre no quería que se acostasen las niñas recién comidas.
                Al poco rato Jesús hacía acto de presencia en el salón, con un  leve movimiento de su cabeza le indicó a su mujer que le siguiese; ésta entendió que algo sucedía y que esa llamada nada tenía que ver con las habituales que solía atender su marido.
                Cuando ambos entraron en la habitación donde se encontraba el teléfono, y una vez que Jesús cerró la puerta, su mujer rápidamente le preguntó:
-¿Qué ocurre, Jesús?
-Bien, acaban de llamar del cuartel de la guardia civil de Hoyos para decirme que tome las medidas oportunas en la central eléctrica porque es probable que anden cerca un grupo de Maquis.
-¡Bendito sea Dios!, ¡cuándo se va a acabar todo esto!
-¡Lo primero cálmate! coge a las niñas e iros al dormitorio, cierra todas las puertas, todas las ventanas y apaga las luces. Yo me quedaré en esta habitación cerca de vosotras y del teléfono; en principio no tiene que pasar nada, me han dicho que vienen huyendo desde Santibáñez el Alto; parece ser que la otra noche entraron en el pueblo y retuvieron durante un buen rato al médico, al alcalde, al secretario y a un teniente del ejército, llevándose un botín de 59.000 pesetas, ropas y comestibles.
-¿Pero…? ¿Quiénes son esas gentes?
-Bueno, parece ser que dicen que es un grupo de republicanos a los que llaman “la Partida del Francés” y que están actuando por todo el norte de la provincia de Cáceres.
-¿Pero son peligrosos, Jesús?
-No sé…., pero si aparecen por aquí te ruego que guardes la calma. Si es cierto que se han llevado lo que me han dicho por teléfono no creo que se acerquen; no querrán ser vistos.
-¡Madrita mía!, ¡madrita mía!, ¡Señor…..!
                Ezequiela se echó las manos a la cabeza mientras unas lágrimas se deslizaban por sus mejillas; Jesús la abrazó fuertemente y le susurró al oído:
-No va a pasar nada, tranquilízate y ahora haz lo que te he dicho.
                La madre compungida abrió la puerta y se dirigió al comedor. Cuando entró, las dos niñas estaban jugueteando, las cogió lentamente por los brazos y se las llevó al dormitorio, cerró la puerta, la ventana y apagó las luces; según le había indicado su marido.
                Jesús se quedó sentado frente al teléfono; el tiempo fue transcurriendo sin que Él y Ezequiela pegaran ojo en toda la noche.
                Al fin llegó el alba y los maquis no hicieron acto de presencia; la calma se apoderó definitivamente de la casa-alojamiento de los trabajadores de la central eléctrica de la Cervigona; aunque a Ezequiela le duraría el susto bastante tiempo. Mientras tanto los últimos restos de la agrupación guerrillera del Francés, 1ª agrupación Centro-Extremadura, 12ª División, conseguirían encontrar una senda por la Cervigona para poder llegar a Navasfrías y así huir al extranjero.

CONFESIONES DE UN MAQUIS DE SIERRA DE GATA



Elisardo Ferrera llevaba tres días en una celda inmunda de la prisión de Plasencia, situada ésta en la calle del Rey número ocho, cuando se le acercó para hablar con él un individuo misterioso que no había parado de observarle desde que llegó al presido.
-Hola, ¿qué tal?- le inquirió un sujeto taciturno y mal encarado.
-Pues te puedes imaginar -le respondió Elisardo, intrigado éste por la amabilidad de su compañero de presidio a quien todo el mundo, hasta los guardias, rehuía.
- Se dice que eres de Santibáñez el Alto, ¿Es cierto eso?
-¿Quién lo pregunta? -le respondió de nuevo el joven Elisardo.
-Un amigo -le susurró espontáneamente el maqui- quien conoce bien lo que últimamente ha pasado en tu pueblo.
-¿A qué te refieres?
-A algo que me gustaría que la historia el día de mañana narrase; ya que seguramente en tu lugar debería estar aquí otro paisano tuyo que parece ser que tiene buenas agarraeras entre los funcionarios del Ayuntamiento de tu pueblo.
-¡Eh…! ¿Qué insinúas? ¿Es que sabes quién me ha denunciado?
-No, pero tú estas aquí por querer dar de alta al partido comunista en tu pueblo y sin embargo el que facilitó la entrada hace varios meses de un grupo de maquis en Santibáñez el Alto está libre como el cuco.
-¿Cómo sabes tú que los maquis entraron en mi pueblo?
-Muy sencillo porque yo era uno de ellos.
-¡Qué me dices!
-Lo que oyes. Éramos un grupo de diez y el que nos facilitó la entrada es uno que luego se ha hecho la víctima; pero la realidad es que fue él el que nos dijo a qué casa teníamos que ir y a quién teníamos que secuestrar y pedirle  dinero por su rescate.
                Elisardo se quedó pensativo un buen rato no daba crédito a lo que le estaba contando aquel hombre enigmático que no tenía nada que perder pues dentro de unos días lo iban a fusilar. No quiso seguir preguntando y ni tan siquiera quiso seguir en compañía de aquella persona; quien una vez más le venía a confirmar aquel dicho tan famoso en Sierra de Gata: Quien tiene padrino se bautiza y el que no se queda moro.


EL CONDE ARGENGOL DE URGEL Y SUS CABALLEROS CATALANES EN LA CONQUISTA DE SIERRA DE GATA




La puerta del gran salón palaciego se abrió con su habitual chirriar de bisagras, inmediatamente el Rey de León, Fernando II, entró con su séquito y acto seguido sus fieles paladines tomaron posiciones arremolinándose entorno al improvisado trono del recién conquistado palacio moro de la ciudad de Alcántara. Kantara-ass-Saif o puente de la espada como denominaban los árabes al puente que los romanos construyeron para vadear el río y que servía a su vez para identificar a la ciudad que, hasta hace pocos instantes, había estado en su poder.
                Entre los presentes se encontraban caballeros templarios, nobles de la recién creada Orden de Julián del Pereiro, algunos vecinos cristianos de la conquistada villa de Alcántara, un nutrido grupo de religiosos y por último el Mayordomo Real por el que Rey Fernando sentía especial predilección, el Conde Armengol de Urgel. Caballero que procedente de la llamada Marca Hispánica había roto con la tradición familiar de servir a los nobles catalanes, decidiendo hace muchos años servir al Rey de León.
                Grandes habían sido los servicios que el Conde Armengol había prestado al Rey leonés, por ello el monarca cada vez que tenía ocasión le premiaba con aquello que estuviese en su mano. Esta vez no iba a ser menos, el noble catalán junto con sus hombres, todos caballeros catalanes breados en mil batallas, habían luchado con coraje y valentía desde que partieron de la Corte Leonesa. Habían transcurrido casi tres meses desde esa salida en la que se internaron en tierras extremeñas atravesando el peligroso puerto del Perosín; cerca de allí tuvieron que presentar batalla a las aguerridas tropas moras, que parapetadas tras las murallas de la inaccesible fortaleza de Santibáñez o San Juan de Mascoras, les impedían el avance.
                Su destino último era Alcántara, ciudad que los moros habían convertido en el mayor presidio de la zona. Una vez frente a las murallas de esa villa los primeros en atacar fueron los templarios, a los que los atrincherados seguidores del Profeta ocasionaron bastantes bajas. El segundo ataque lo llevaron a cabo las tropas del Pereiro, y mientras éstos intentaban penetrar en el interior del recinto amurallado mediante unas escalas fijadas en los muros de las murallas; el Conde Armengol de Urgel, junto a Berenguel Arnal, Beltrán de Tarascun, Arnal de Ponte, dio el golpe de gracia a la asediada ciudad abriendo una brecha en la muralla con una catapulta instalada cerca del acceso principal a dicha población. Inmediatamente su hermano Galcerán, auxiliado por Arnal de Savangia, por Pedro de Belvis, por Bernal de Midia y por Ramón de Villalta, penetraron en el interior dando mandobles a diestra y siniestra. Y ante la ferocidad del combate y del envite de aquellos diablos rubios y pelirrojos los muslimes decidieron enarbolar la bandera de la rendición.
La fortuna se había aliado con ellos pues las tropas cristianas se encontraban extenuadas ante los sucesivos combates a los que se habían tenido que enfrentar. Por ese motivo el Rey Fernando estaba tan agradecido a su Mayordomo;  ya que gracias al ahínco y a la vehemencia de él y de sus tropas se habían ahorrado infinidad de vidas.
                El Rey leonés intentó sin embargo ser lo más equitativo posible y por ello decidió en ese acto ceder las fortalezas de San Juan de Mascoras y de Milana, junto a las tierra de Baldarrago, a los caballeros del Temple; y la magnífica villa de Alcántara a su querido Armengol de Urgel, al que nombró capitán de la misma desde ese preciso instante para que la defendiese en un futuro ante el previsible envite islámico que se avecinaba.